'Tienes que ser excelente en lo que haces, haciendo lo que te gusta'


David Gómez Lucas
Licenciado en Geografía e Historia. Realizó los cursos de doctorado entre los años 1998 y 2000 y obtuvo la suficiencia investigadora con una tesina que trataba sobre un dios egipcio en el año 2001.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?
Existe un placer de tipo básico que consiste en hablar de lo que te gusta. También resulta muy grato poder estar en contacto directo con los jóvenes. Muchos adultos alejados de la educación no los comprenden. Y por último creo que trabajar en la educación es trabajar en la faceta del ser humano más importante, una faceta sin la cual las demás no serían posible y que por eso considero que es especialmente digna.

¿Desde cuándo formas parte del Claustro de Profesores del Colegio?
Desde el curso 2003-2004.

¿Qué asignatura impartes y a qué cursos actualmente?
Siempre he impartido clases de historia antigua y medieval en 1º y 2º de ESO, y desde hace cinco años, además, de geografía física y humana. Durante el curso 2004-2005 y hasta el 2007-2008 fui tutor de dos promociones de 1º y 2º de la ESO.

Si no pudieras ser profesor, ¿a qué te dedicarías?
A algo que implicara viajar, como corresponsal periodístico o a algo relacionado con la investigación sobre el terreno de algo que tuviera que ver con la naturaleza.

¿Qué recuerdas de tu primer día de clase?
La verdad es que no recuerdo mi primera clase. Me refiero a qué curso era o a qué expliqué. Pero recuerdo perfectamente que tuve la profunda y gratísima sensación de que aquello de dar clase, aquello que nunca había hecho y para lo que me había estado preparando tantos años, era lo mío. Del mismo modo recuerdo muy bien el ambiente de colegio de los primeros días. Unos días en los que pude observar el gran entusiasmo de todos los profesores por el ejercicio de su vocación. También me llamó mucho la atención el hecho de que esos compañeros de trabajo que llevaban ya bastante tiempo en el Colegio siempre estuvieran dispuestos para echar una mano y aconsejar “al nuevo”.


¿En qué crees que ha mejorado el Colegio?
Lo más visible en este sentido son los aspectos técnicos y arquitectónicos, ambos en continua progresión. Pero creo que el mejor capital del Colegio es el humano. Muchos de los docentes de nuestro centro llevan en sus aulas más de 15 años (como es mi caso) y un buen puñado ha cumplido ya las “Bodas de Plata”. Por esa razón creo que en lo que más ha mejorado es en el enorme cúmulo de experiencia educativa que atesora.

¿Qué sigue igual?
Creo que las expectativas con las que vienen las familias que matriculan aquí a sus hijos. Percibo que buscan algo más que su capacitación técnica. Creo que aquí buscan, además, valores relativos a la internacionalidad a través de los múltiples intercambios con colegios extranjeros y a través de la convivencia diaria con alumnos de muchas nacionalidades diferentes. La palabra internacional tira mucho, y Europa también. Creo que vienen por eso, pero que luego se quedan por el buen hacer diario que perciben en la educación de sus hijos.

¿Qué peculiaridad o rasgo propio destacarías de la enseñanza en el Colegio?
Que profesa una enseñanza devota. A los profesores del Colegio nos gusta enseñar y nos gusta lo que enseñamos. Unos imparten matemáticas, otros lengua, otros historia… pero todos enseñamos que en la vida tienes que ser excelente en lo que haces haciendo lo que te gusta.


¿Podrías contarnos algún momento especial de tu trayectoria docente?
Hace años, al final de curso, tenía que decirles de modo anticipado a algunos alumnos si la nota que habían sacado era de un 9 o más. Esta nota les libraría del examen final que quedaría sustituido por un sencillo trabajo de excelencia. Cuando todos salieron le dije a una chica que esperara un momento. Esa chica era una alumna ejemplar. Educada, buena compañera, trabajadora infatigable, un tesoro. Pero aun así sus notas casi nunca superaban el seis. Cuando ya todos estaban fuera le comenté: “Mira [...], tus notas no son muy altas, pero nunca he tenido a alguien que se esfuerce tanto, te voy a poner en la nota final un 9, porque te lo mereces y porque si fuera por trabajo y actitud debería darte un 12”. A la chica, que había permanecido muda, le temblaron los labios, lloró un buen rato y cuando se serenó, me dijo: “David, ¿te puedo dar un abrazo?”. Y se lo di, por supuesto.

¿Y alguna anécdota?
En casi todas las fiestas de Navidad ocurre alguna. En ellas suele haber una actuación en el escenario del comedor y un vídeo en el que actuamos un grupo de profesores en el que salimos disfrazados de lo que requiera el guión. A mí me ha tocado hacer de “viejo”, de “Angelito” que anuncia la Navidad en el portal de Belén y de “alumno”, con uniforme y todo. Lo peor fue disfrazarse de “angelito” (risas).

¿Cuál es el sueño de un profesor de tu asignatura?
Que a mis alumnos les guste la historia y que además lleguen a comprender su importancia. Para que así, cuando sean hombres y mujeres, además de haber acumulado muchos saberes prácticos y urgentes puedan decir que viajan con una mochila bien cargada con un saber tan importante como es la historia. Que eso les permita comprender mejor el mundo que les rodea.

¡Muchas gracias, David!
Ha sido un placer esta entrevista. Saludo a todos los padres que confían la educación de sus hijos a nuestro Colegio. Y a los antiguos alumnos que, cuando ya son universitarios, vuelven al Colegio a tomarse un café con sus profes de toda la vida con espontáneo y sincero afecto. Afecto que, por supuesto, es mutuo.