Motivar a los niños, ¿sólo con premios?

Pan para hoy y hambre para mañana.


“La princesa Eloísa creció sana, bella, feliz… Pero cuando llegó la hora de aprender a leer, a sumar, a restar, a escribir… ¡ninguno de los sabios del reino podía con ella! Igual que un gato travieso, Eloísa trepaba por las cortinas del castillo y no había quien la bajase de allí! Tiraba del pelo a sus profesores, les sacaba la lengua y si querían enseñarles las letras se tapaba los oídos y se ponía a chillar.

Sus padres, los reyes, ya no sabían de dónde traerle los sabios y los profesores que le enseñaran… A todo le ponía pegas: “Leer es aburrido”, “Escribir me cansa”, “Las Matemáticas no me gustan”... Un día, los reyes ya no pudieron más y se echaron a llorar: “A nuestra hija, la princesa, no le gusta aprender”, “Todos los sabios y profesores del reino nos aseguran que es inteligente pero no quiere, no le gusta, aprender”.

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