Intercambio a los Estados Unidos: la experiencia personal de nuestro alumno Fernando Garrido


Septiembre 2014

Un intercambio siempre parece algo inalcanzable. Desde mi punto de vista era y es algo muy importante, ya que no sólo nos permite viajar a nuevos lugares (al menos para mí), sino aprender de la cultura, de la vida, de las personas del lugar.
Ya son tres años que llevo viajando de un sitio a otro de intercambio. Primero a Ámsterdam, (Holanda); pasando por Bensheim, Frankfurt (Alemania); y finalmente cruzando el charco a EE.UU, concretamente a Atlanta, en el estado de Georgia.

Siempre recordaré mi paso por los Estados Unidos como una buenísima experiencia, eso sí, mi compañera y yo fuimos como pequeños “conejillos de indias” en un nuevo e interesante intercambio con esta ciudad sureña, Atlanta.
Concretamente estuvimos en Sandy Springs, zona residencial a las afueras de Atlanta, lugar muy bonito por cierto, y lleno de grandes e inmensos árboles cuyo polen no parecía acabarse.
El colegio nos abrió las puertas desde el primer día, tuvimos una reunión con la corresponsal de los intercambios internacionales: la señorita Megan Brown, que era muy amigable y nos pidió por favor que intentáramos darle nuestras opiniones sobre el lugar, el colegio y la vida de ahí. Esto tenía una razón obvia: como sabíamos mi compañera y yo, era la primera vez que se hacía este tipo de intercambio con Mount Vernon Presbyterian School y por tanto, había que tener en cuenta nuestras opiniones. Espero que estas les ayudaran ya que no tenían experiencia en este tipo de intercambios de larga duración.

Gracias a mi intercambio, Alex, pudimos tener la oportunidad de ir de visita a lugares como el “World of Coke” y el “CNN Center” (aunque las organizó el colegio, claro). Además, tuve la oportunidad de visitar junto con la familia de mi intercambio el Acuario de Georgia, según Alex “el más grande del Hemisferio Norte”; también visité el parque temático “Universal Studios” en Orlando, Florida. Fue genial; nunca había ido a un parque temático con atracciones tan grandes y me monté en todas ellas.

Al comienzo, antes de llegar a Atlanta, viajamos a Nueva York como parada turística, lo cual nos encantó. Ver una ciudad tan grande que alberga a más de 8 millones de habitantes. Como buen fan del baloncesto en general, mi equipo favorito de la NBA (National Basketball Association) eran los Atlanta Hawks, no porque fuera de intercambio a Atlanta, sino que ya era fan mucho antes de ir. Gracias a Alex y su padre, Julio, pudimos adquirir unas entradas geniales para ver el partido, aunque el equipo perdió, la experiencia de estar ahí me pareció genial, nunca había visto un estadio así. No todo el mundo puede viajar a Atlanta y presenciar un partido de Playoffs.

Cuando estuve en Estados Unidos eché de menos a España, aunque quería quedarme más tiempo, sabía que había que volver. La eché de menos por una razón importante: mi vida. Parecerá un poco raro ese razonamiento pero si lo pensamos no es tan raro, mis amigos, mi familia, quieras o no tarde o temprano deseas volver a verlos y hablar sobre esta experiencia con un pequeño homenaje al mediodía, volver al Colegio, encontrarte a la gente con la que de verdad convives día a día.

En EE.UU. existe una gran variedad de culturas, lo que hace un poco difícil la tarea de reconocerse como una cultura en general. Las costumbres en los colegios, esa historia que tienen que dejar los alumnos en el “High School” (lo que equivaldría a la E.S.O y un poquito de Bachillerato) para sentir que su esfuerzo mereció la pena. Con celebraciones como el “Prom”, lo que sería la fiesta de fin de curso (ajena a la graduación), otras como el “Homecoming”, una fiesta de “bienvenida” al colegio, muestran esto. Una de las cosas que más me llamó la atención fue el interés de los alumnos a la hora de estudiar, de aprender, o de sólo leer un libro. Quizás debido a la variedad de asignaturas que existen en estos colegios y la capacidad de los alumnos de elegir sus asignaturas propias. También fue clave la sustitución de los libros físicos por ordenadores portátiles, los cuales te obligaban a comprar, como el Mac, aunque parezca descabellado, me parece más rentable que comprar libros cada año.

Mi intercambio, Alex, es uno de los mejores amigos que voy a tener; nos llevamos genial y espero que nuestra relación de amistad dure mucho. Él me ha enseñado mucho, tanto como yo espero haberle enseñado a él. Sería una pena si perdiéramos el contacto, porque amigos así no se pueden encontrar cualquier día.

Ya de vuelta en Sevilla, retomar el Colegio no fue una tarea fácil. Para empezar, no sólo tuve que participar en las clases del colegio de Atlanta (clases de Historia, Química, Literatura, etc.) activamente, sino que tuve que hacer los trabajos que me llevaba de España. Queramos o no reconocerlo, participar en las clases algunas veces tiene más importancia que hacer esos trabajos, como pudo reconocer MVPS (Mount Vernon Prebyterian School) tras estas pasadas semanas de trabajo en las clases. Junto con mi experiencia práctica llevaba conmigo otra teórica; eran, efectivamente, las notas que me habían asignado.

El contacto de nuevo con el colegio no fue algo muy agradable, llegué a mitad del mes de mayo, los exámenes finales estaban al caer y creía que no iba a poder con ello.
Finalmente me enfrenté a esa gran semana de evaluación final con la moral alta, pensando que el esfuerzo y todo lo que había hecho hasta el momento había merecido mucho la pena.
Y gracias a este esfuerzo lo conseguí: pude alegrarme días después al conocer los resultados de mis notas, un 8’9 de media no creo que esté nada mal.

Aún ahora sigo pensando que, aunque fue estresante el contacto con la civilización tal y como la quería conocer, el esfuerzo mereció mucho la pena, fue una experiencia increíble, no me importaría pasar otra temporada en EEUU.

Aquí la experiencia,
Fernando Garrido Muñoz